La rabia, el miedo, la tristeza, la vergüenza.. solemos etiquetarlas como emociones «malas» e intentamos huir de ellas. Pero, ¿y si en lugar de rechazarlas aprendemos a escucharlas?.
¿Por qué las llamamos «incomodas»?
La respuesta es sencilla: Porque lo son.
Respuesta más concreta: Porque no nos gusta sentirlas, lo relacionamos con vulnerabilidad y por ello, nuevamente, lo son, tienen que ser incomodas para que las hagamos caso.
Sin embargo, todas las emociones tienen una función adaptativa (Ekman, 1992).
- El miedo nos protege.
- La rabia nos moviliza.
- La tristeza nos ayuda a procesar las pérdidas.
Evitar las emociones incomodas
Reprimir, ignorar o evitar las emociones incómodas puede dar la sensación de alivio, pero es momentáneo, ya que a largo plazo aumenta el malestar, puede producir ansiedad, incluso problemas físicos.
La psicóloga Susan David (2016), en su libro Agilidad emocional, explica que aceptar y dar espacio a nuestras emociones, en lugar de evitarlas, nos permite vivir de manera más auténtica y flexible.
¿Cómo puedo manejarlas?
- Ponerles nombre: “Estoy sintiendo miedo/enojo/tristeza”.
- Escuchar el mensaje: preguntarte “¿qué me está queriendo decir esta emoción?”.
- Darte permiso: no juzgarte por sentir lo que sientes.
- Expresarlas de manera segura (hablar, escribir, movimiento físico).
Las emociones incómodas nos guían
No nos gustan, son molestas y también son señales que nos ayudan a conectar y reconocer nuestras necesidades.
No se trata de eliminarlas, sino de aprender a convivir con ellas, transitarlas y transformarlas en información útil para nuestra vida.
Si te cuesta gestionar emociones incómodas y crees que ha llegado el momento de aprender a hacerlo, la terapia puede ser un espacio para empezar a hacerlo.
Estaré encantada de acompañarte en este proceso.
Puedes contactarme a través de mi pagina web aquí para más información o para agendar una cita.
Tu bienestar es importante.
No tienes que pasar por esto solo o sola.
Tu mano amiga.

